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Ecosistemas 14 (1). Enero 2005. http://www.revistaecosistemas.net/articulo.asp?Id=73 CONTENIDOS |
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Una ilusión renovada y vivencias compartidas con Ramon Margalef P. Montserrat Recoder |
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Cuando se pierde al amigo y termina lo iniciado con tanta naturalidad al empezar mi carrera investigadora, la imaginación rememora aquello que nos unió durante más de medio siglo; así, en mí aún revive algo de aquel Ramón que ya no puede morir y se perpetúa en el Ser sustancial, el permanente, origen y fin de todo. |
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Su afición por conocer los microorganismos acuáticos, en especial vegetales, le llevó muy joven al Institut Botànic de Barcelona, donde le conocí cuando seguía investigando las algas dulceacuícolas de Cataluña. Finalizada nuestra guerra civil se recuperaban las instituciones dedicadas a la investigación y en marzo de 1946 el Institut Botànic del Ajuntament de Barcelona entró a formar parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) como centro coordinado, un hecho trascendental en nuestras vidas que también se relaciona con la recuperación institucional de nuestro gran botánico Pius Font Quer como voy a comentar.
Menorca ya es Reserva de la Biosfera declarado por la UNESCO y ahora está en peligro por las urbanizaciones en aumento, pero entonces aún predominaban las fincas tradicionales -el célebre Lloc menorquí- con su ?Amo? muy activo en el campo y ganado, más ?es cavall? para las fiestas, y su ?Madona? casera. ?Es barranc d?Algendar? con Cala Galdana eran deliciosos entonces. Vimos plantas curiosas como Sibthorpia africana L. en el ?pas d?en Rebull?, una endémica balear que Ramón deseaba conocer por haberla descubierto los Salvador en este barranco y fue mal interpretada por el creador del género Linneo (1751) que la creyó procedente de África, donde solo existe S. europaea L (1753). El arroyo y los manantiales estaban abiertos entonces a todos y eran apropiados para el algólogo de agua dulce y salobre. Estuvimos en Ciutadella dos días y el viernes santo tomó el barco de Mallorca, para pasar la Pascua con María Mir que fue su esposa y un gran apoyo hasta el final de su vida. Estando yo en Inglaterra el año 1954 con trabajos de palinología y florística, recibí la indicación del CSIC para solicitar del British Council la continuación de mi beca de intercambio en centros dedicados a la praticultura. Menciono eso por la importancia que a la vuelta tuvo en mi relación posterior con Margalef y la ecología terrestre. Ya en Biología Aplicada de nuevo, 1955, teníamos el domicilio en la Ronda Guinardó y tomábamos el trolebús para comer en casa. Ramón leía el Times los lunes, martes y miércoles, pero el jueves y viernes podíamos hablar de nuestras cosas en el trayecto. Concebía entonces sus libros, en especial la Ecología que publicó casi veinte años después y le preocupaban los temas relacionados con la organización y funciones de los sistemas naturales en el tiempo. Es obvio que una organización heredada condicione la estrategia posterior; así, la relación del bosque con el pasto le sugerian infinidad de comentarios, de ideas sobre la eficiencia y potencia, organización y oportunismos, transporte vertical del árbol conservador y el horizontal realizado por los herbívoros más dinámicos, hasta el comercio y la cultura en sistemas humanizados. Mucho más tarde, el año de mi 70 aniversario, publica en Monografía 4ª del Instituto Pirenaico de Ecología (1988: 637-642) su artículo ?Evolución de los macrófitos y su coevolución con los herbívoros?, donde comenta nuestros coloquios de los años cincuenta, unos temas que pudimos desarrollar en el Instituto de Edafología y Biología vegetal (CSIC), años sesenta, antes de que apareciera la Ecología de Margalef (1974) con sus capítulos finales sobre situación de los sistemas en el tiempo y llenos de ideas apasionantes para el ecólogo terrestre.Como dije antes, fui alejado físicamente de Margalef el año 1961 por los avatares de mi profesión, pero era ocasión propicia para conocer el oeste peninsular con sus dehesas y unos bosques pastados, rebajados por actividad prehistórica de los animales salvajes primero y unos rebaños después, en especial por la ?dula de trabajo? de cada pueblo que así mantenía muy rebajado (10-30cm) al ?bardal? de rebollo (Quercus pyrenaica), como ejemplo impresionante, evidente, de una resistencia heredada por el también llamado melojo en Castilla y marojo en Aragón, tanto a ser pastado como por su actividad subterránea que utiliza en pleno verano el agua freática. Estar en Madrid (Instituto de Edafología y Biología Vegetal), con Fernando González Bernáldez, Francisco García Novo, Salvador Oliver, Teresa Mendizábal, Miguel Morey, Jesús Pastor y Manuel Sánchez Díaz, abría unos horizontes ecológicos insospechados, tanto para conocer la relación pasto-suelo como la del clima y física del suelo. Profundizábamos la ecofisiología en plantas propias de los sistemas ecológicos preparados para ser estudiados con enfoque funcional y en relación siempre con la ganadería extensiva del futuro que funcionará con gran autonomía, por disponer del ?animal guía?, selecto y apto para cada rebaño; todo estará preparado -si hacen caso al investigador-, para una gestión naturalizada y edificadora del paisaje con el turismo también integrado para no destruir lo conseguido. Fernando fue a París, a la escuela del gran fisiólogo P. Chouard, un enamorado del Pirineo que veía las comunidades vegetales con su mentalidad funcional y además muy integrada en cada paisaje; a la vuelta de París, con su mujer Catherine Levassor y F. García Novo, se orientaron más hacia la enseñanza ecológica. Son unas circunstancias que hicieron espaciar también los contactos con Ramón. Posteriormente, Margalef (1975, en revista de la SEEP, Pastos 5: 10-20) publicó su Ponencia inaugural ?Limnología para pascólogos?, en la 6ª Reunión General de la Federación Europea de Pastos (E.G.F.), Madrid, donde comparó limitaciones comunes a los sistemas acuáticos y terrestres. Entonces creó la palabra ?pascólogo? para los dedicados al estudio de pastos: un neologismo correcto que deriva del latín ?pascua?, pero suena mejor el término pastólogo que usamos ahora. Temo abusar con tantas referencias personales, pero son las que ahora recuerdo y además las puedo publicar sin temor al error por mi edad o el tiempo transcurrido. He querido destacar su tenacidad, austeridad, curiosidad enorme y capacidad para las abstracciones, un terreno en el que nos costaba seguirle. Fue un hombre cabal y quiso serlo con naturalidad, muy abierto a lo trascendente que conservaba en lo más íntimo de su extraordinaria personalidad y con seguridad ya tiene un premio entre muchos que recibió, pero ese ya es el definitivo. |
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